Anaximenēs; Anaxímenes de Mileto (585-525 a.c.).


 

 

 

                Discípulo de Anaximandro, es el último representante importante de la escuela de Mileto. Teofrasto nos describe a Anaxímenes como discípulo y compañero de Anaximandro siendo, al parecer, unos veintidós años más joven que él. Ninguna de sus obras se ha conservado, conociendo su pensamiento a través de la exposición que de él hizo Diógenes Laercio, quien debió de basarse en un tratado que Teofrasto había dedicado a Anaxímedes. Diógenes le atribuye una obra escrita en dialecto jónico, y en un estilo sencillo y sin superfluidades, contrastando con el estilo poético de Anaximandro. De Aristóteles únicamente pueden rescatarse tres citas referidas a él.

El principio (arkhē) de las cosas no era para él el agua de Tales, pues el agua viene a ser materia grosera procedente ya de una composición; ni tampoco lo indeterminado, separado e infinito de Anaximandro, considerándolo algo inaplicable; habiendo de interpretar quizás la filosofía de Anaxímedes como una conciliación entre las dos anteriores; el aire como principio infinito al igual que el ápeiron de Anaximandro y determinado al igual que el agua de Tales. Para Anaxímenes el principio es el aire, determinado, sutil y más tenue que el agua. Todas las cosas, mediante procesos de condensación y rarefacción, se originan en el aire y a él vuelven, conservando siempre su identidad.

Las causas de por qué eligiera el aire como elemento primordial son varias; Según noticia de Hipólito el aire “cuando es perfecto, es imperceptible a la vista”. El aire es indefinido e invisible, determinado, pero su determinación es menos evidente a los sentidos que el agua, aproximándose al ápeiron. El aire se confunde con el vacío y su existencia corpórea no será demostrada hasta tiempos de Empédocles y Anaxágoras con el experimento de la clepsidra.

Capelle considera que Anaxímedes representa un paso atrás frente a Anaximandro al proponer como principio una sustancia sensible aunque reconoce también un progreso ya que con Anaximandro la unidad de lo indefinido estaría en entredicho a partir de su posición frente a la separación de los contrarios. Sin embargo también es posible que Anaximandro concibiera su principio como una realidad sensible; que lo indefinido no surgiera a partir de la separación de contrarios sino a partir de un vórtice, quedando salvada la unidad del ápeiron y desconsiderando las afirmaciones de Capelle. El principio de Anaxímenes bien podría partir de la observación empírica, de cómo los cuerpos al calentarse se dilatan y al enfriarse se contraen (Simplicio, condensación y rarefacción). En este par de opuestos encontró una misma cualidad manifestada de forma distinta según las condiciones, deduciendo que el aire al dilatarse (rarefacción) produciría lo caliente y al condensarse la tierra, el agua y, todo ello, sin dejar de ser aire. Los atributos del aire son la inmensidad, la infinitud y el movimiento. Según se dilate o se condense forma el fuego, el agua o la tierra; él es el único ser. Como anotación, se dice que Anaxímedes perfeccionó el gnomon supuestamente inventado por Anaximandro.        

1. El aire:

1.1 El aire tiene una extensión indefinida, circundando todas las cosas, ocupando una vasta región del universo. Mientras que en Homero tenía el significado de neblina como algo visible y oscurecedor, en Anaxímenes tiene el significado de aliento (pneuma kai aer), invisible y atmosférico, emparentándose esta concepción con el alma (psyjé), dadora de vida. El aire como aliento del mundo y, en consecuencia, como su fuente eterna y divina. Anaxímenes relata por boca de Aecio que “así como nuestra alma, que es aire, nos mantiene unidos, de la misma manera el viento (o aliento) envuelve todo el mundo”. En esta expresión existen términos que no pertenecen a la dicción jónica [p. ej. sigkratei; mantener unidos] mientras que es dudoso que Anaxímenes empleara el término kosmos. Es muy posible que la expresión kosmon toude sea empleada por vez primera por Heráclito, empleada únicamente por Empédocles con un sentido equívoco. Esto hace pensar a los historiadores (Kirk-Raven) que, en el caso de Anaxímenes, el término que debería haber usado es el de apanta (todas las cosas). A partir de aquí podríamos interpretar así:

a) El aire (aliento) rodea el mundo entero de la misma manera que nuestra alma, que también es aliento, gobierna y mantiene unido nuestro cuerpo.

b) En vez de aire (aer) Anaxímenes pudo haber utilizado el término pneuma, principio vital o motriz del hombre.

La primera interpretación tiende a ser rechazada ya que sabemos que Anaxímenes nunca utilizó el término sigkratei. La idea de que el alma mantiene unido al cuerpo no tiene ningún paralelo en el periodo presocrático ni realmente en la filosofía griega antes de los estoicos. Kirk-Raven propone como alternativa el término ejei, poseer. Sustituyendo ejei por sigkratei no ofrece impedimentos para que el alma posea el cuerpo y lo penetre completamente. En la segunda interpretación el aire también se manifestaría en el mundo exterior bajo forma de viento. Viento-aliento-aire serían sinónimo de vida y ésta sería la causa motriz y sustancia de todas las cosas. Concluyendo; el principio originario es el aire, este actúa en el universo de un modo parecido al pneuma (aliento, vida) en relación con el cuerpo. Así como el pneuma posee (ejei) el cuerpo para darle vida y gobernarlo, el aire (aliento del mundo) posee a éste para darle vida y gobernarlo. Los milesios consideraban el universo como ser vivo, una especie de organismo animal. La mención del alma como aliento (pneuma) es la primera manifestación de orden psicológico que nos ha sido transmitida dentro de la filosofía presocrática, ello, a pesar de que la concepción perteneciera a una vieja tradición popular. La tradición popular, de otra parte, también consideraba que el alma estaba compuesta de éter ígneo y que llenaba el cielo exterior, interpretación asumida por Heráclito quien desarrollará la suposición (ya implícita en Anaxímenes) de que el hombre y el mundo exterior están hechos del mismo material y se comportan de acuerdo a cánones semejantes.

1.2 No sólo en sus transformaciones sin perder la esencia originaría el aire los elementos, sino también se podría presentar como única causa material del movimiento. Como hilozoista, defendía el principio originario (ser con vida, eterno, inmortal y gobernador del mundo) que podía cambiar cómo y cuándo quisiera.

1.3 El aire tendría un carácter divino, inmortal y eterno, incluso los dioses procederían de este elemento primigenio. Anaxímenes sería precursor de Jenófanes y Heráclito en su crítica a los dioses tradicionales. El carácter divino del aire hace que su poder penetre completamente los cuerpos lo que nos recuerda al pensamiento estoico. Burnet y otros autores identifican a los dioses de Anaxímenes con los mundos innumerables aunque no existe una gran información a este respecto.

1.4 Con la condensación y la rarefacción, Anaxímenes abandona la tesis acerca de la presencia de opuestos y contrarios dentro del mundo que Heráclito volverá a traer a colación. Hace referencia a las ideas de injusticia y retribución en el mundo natural. Además de los dos opuestos (caliente y frío) extraídos del ápeiron, encuentra una nueva pareja de opuestos: lo comprimido, condensado, denso (frío) y lo “laxo”, “raro” (caliente). Los cambios cuantitativos (aumento o disminución de volumen) producen diferencias cualitativas. Anaxímedes, pues, introduce un principio gradualista en el paso de la cantidad a la cualidad.

1.5 Parece ser que el aire poseía alguna característica del ápeiron de Anaximandro, al no estar caracterizado por ningún opuesto en particular, convirtiéndose en algo cercano a lo indefinido. Asimismo, parece que Anaxímenes para explicar la formación de cuerpos compuestos no necesita remontarse al aire como primer principio, sino que lo hace a partir de unas sustancias básicas o complementos simples de las que se componían los demás cuerpos. De ser cierta esta última interpretación, Anaximandro sería el pionero en utilizar la idea elemento (stoiceion), idea no enunciada formalmente hasta Empédocles: conocer racionalmente los fenómenos no significa explicar las cosas por sus últimos principios sino a partir de unos principia media o elementos.

2. Cosmología y cosmogonía:

2.1 Explicación del mundo a parir de un elemento diferenciado.

2.2 La tierra nace de la condensación de una parte del aire primigenio indefinidamente extenso. No sugiere ninguna razón que explique esta condensación inicial, salvo, tal vez, la del movimiento eterno que expresaría la capacidad de la materia substancial originaria y divina de iniciar un cambio allí donde y cuando quisiera. Concebía la tierra como ancha, plana y poco profunda, semejante a una mesa y sostenida sobre el aire, al modo en que las hojas flotan sobre tal aire. Esta idea era una adaptación del agua de Tales. Aristóteles sugiere que la causa que explica que el aire pudiera actuar como soporte residiría en que el aire, situado debajo de la tierra, estaría comprimido y no podría escaparse. No parece ser ésta la idea de Anaxímenes pues el aire era circundante y absolutamente ilimitado; Teofrasto utiliza el término epojeiszai; “cabalga sobre el aire”. Sin embargo la tierra estarían en reposo porque el aire lo cubre como una tapadera. La expresión de Aristóteles es una modificación de la referencia platónica en el Fedón, en donde un físico anónimo afirma que puso como soporte la tierra, semejante a una artesa, el aire debajo de ella.

2.3 Los cuerpos celestes nacerían, en cierto sentido, a partir de la tierra en tanto proceden del vapor húmedo exhalado o que se evapora de ella (de sus partes húmedas). Al rarificarse se convierte en fuego, del que están compuestos los cuerpos celestes. Al igual que la tierra, cabalgan, sobre el aire. Puesto que los cuerpos celestes se componen de fuego y éste es más difuso que el aire, existe una dificultad no tenida en cuenta por Anaxímenes, cuando hace descansar a tales cuerpos sobre el aire. Los movimientos del sol y de los cuerpos celestes se deben a los vientos. Cuando Anaxímenes afirma que los astra están prendidos como si fueran clavos y no flotan libremente, se refiere sólo a las estrellas fijas en una concepción quizá transmitida erróneamente de Anaxímenes por Empédocles. Esta suposición, de otra parte, es refrenada por algunos textos, en donde se hace referencia a que el sol es plano como una hoja y, por lo tanto, flotante y no clavado en el cielo. Según Anaxímenes los cuerpos celestes no pasarían por debajo de la tierra, así como sucedía en las imágenes prefilosóficas del cosmos, sino que se moverían a su alrededor como un gorro de fieltro o sombrero, que gira alrededor de nuestra cabeza. También pareció defender la idea de que las partes más altas de la tierra son aquellas que nos ocultan el sol. Con las partes más altas quizá se refiriera a las montañas del norte, a las míticas montañas ripeas o a la inclinación de la tierra sobre su eje horizontal. Partiendo de esta teoría, el sol y las estrellas girarían sobre la semiesfera pasando por el borde norte superior de la tierra, pero no por debajo de su eje horizontal y tal no parece ser el pensamiento de Anaxímenes. Aristóteles sostiene que muchos de los astrónomos sostuvieron la teoría de las partes más altas y que relacionaban éstas con la elevación de la tierra por el norte, refiriéndose a las cadenas montañosas de dicha zona.   

2.4 Algunos textos nos transmiten la idea de que Anaxímenes postuló la idea de cuerpos celestes invisibles para explicar los eclipses. Diógenes de Apolonia también postuló la existencia de dichos cuerpos para explicar la caída de meteoritos. Es muy probable que a partir de aquí se establezca una confusión, aunque Diógenes se refiera claramente a los eclipses y no a los meteoritos. De cualquier forma, a pesar de la ingenuidad en sus concepciones cosmológicas, sus opiniones se acercan más a la verdad que las de su maestro Anaximandro; sostuvo que la luna refleja la luz del sol y que los eclipses se forman al taparse entre sí los cuerpos celestes.

2.5 En relación con los fenómenos meteorológicos Anaxímenes afirma, al igual que Anaximandro, que los truenos y relámpagos se originan en el viento. Aristóteles describe detalladamente cómo Anaxímenes explicaba el origen de los terremotos y en donde, curiosamente, el aire no desempeña función alguna. 

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